junio 21, 2018 lamatrio

27° Maratón de los Cuentos de Guadalajara: la fiesta de las historias

El fin de semana recién pasado tuvo lugar la 27° edición del Maratón de Cuentos de Guadalajara, ciudad ubicada en la comunidad de Castilla-La Mancha, España. Como seguimos de Mentorado, aprovechamos de pasar por ahí a ver qué tal (mentira, teníamos todo fríamente calculado para no perdernos esta fiesta de la palabra).

Afiche Maratón, seleccionado entre 60 propuestas.

¿Qué es lo que nos llamaba la atención? En primer lugar, su historia. No hay muchos eventos o espacios de narración oral que cuenten con esa cantidad de años, ni en España ni en América. 27 años seguidos es cosa de mucho respeto. En segundo lugar, sus números. En la Maratón de Cuentos se narran historias por 46 horas seguidas (marca ya registrada en el libro de Record Guinness), con cerca de 1500 narradores y unos 250 voluntarios. En tercer lugar, sabíamos que es el punto de encuentro de muchos narradores y narradoras de toda España, y que tendríamos la posibilidad de escucharlos. Por último, es difícil encontrar otro evento en Hispanoamérica más importante para el arte de contar historias.

Les contamos cómo fue nuestra experiencia, minuto a minuto, cuento a cuento.

El viernes 15, a eso de las 17:00, desde el escenario principal ubicado en el Palacio de Antonio Mendoza, arranca el 27°  Maratón de Cuentos de Guadalajara con la historia narrada por el propio alcalde, como es tradición desde 1992.

Aquí tenemos que hacer el primer alto para explicarnos el éxito de este evento. Nos parece que el hecho de que el alcalde cuente el primer cuento no es mera tradición. Si se mantiene es porque el Seminario de Literatura Infantil y Juvenil (la organización a cargo del Maratón) ha sabido hacer bien las cosas e involucrar a toda la ciudad. No es solo el alcalde. Los bares y restoranes del centro histórico de Guadalajara ponían en sus vidrios poemas que terminaban con el hashtag #27MaratondeCuentos. Las calles estaban engalanadas con bonitas decoraciones. Los monumentos históricos de la ciudad abrían sus puertas para tener cuentos. Al Maratón lo cuidan mucho. La ciudad se siente orgullosa y feliz de que exista y lo defienden con mucha fuerza. Por ejemplo: hace unos meses se anunció desde el Ayuntamiento que habría un recorte de 6.000 euros para el Maratón, por razones que no tenemos demasiado claras. Lo cierto es que la gente se movilizó, alegó, exigió, asistió a reuniones, llamó a la prensa, y finalmente se logró recuperar para la siguiente versión ese dinero. 6.000 euros para un evento que recibe más de 70.000 no parece demasiado. Pero es que no se trata de si es poco o mucho. Se trata de defender un evento que se ha convertido para los guadalajareños en todo un símbolo de su ciudad, tanto así que ya fue declarada fiesta de interés turístico regional, lo que da un gran paso en la ambición de convertir a Guadalajara en “la ciudad de los cuentos”.

Por eso, que comience narrando el alcalde no es anecdótico. Es un mensaje que parece decir: esto es de todos y en algún momento celebraremos 100 años de Maratón. No se va a acabar porque cambien las autoridades. No es patrimonio de los gobiernos sino de los ciudadanos. El alcalde de turno no tiene otra salida que sumarse y dar la cara, aunque haya intentado recortar el presupuesto, y no solo se trata de estar presente sino empezar con la primera historia.

El Maratón continuará por 46 horas, ininterrumpidamente, en el escenario principal. Este suele ser el magnífico Palacio del Infantado, pero por supuestos problemas de aluminosis no se pudo utilizar este año, trasladándose al Palacio de Antonio Mendoza, un lugar de todos modos maravilloso y con una acústica muy decente para lo grande del espacio. Subirán al escenario niños, padres, familias, la policía, profesores, coros poéticos, narradores emergentes y también los profesionales, cuya presencia se hace coincidir con el horario estelar (22:00 a 01:30 horas, más o menos). En las horas más populares, el Palacio de Antonio Mendoza puede contar con unas 400 personas sentadas y otro centenar de pie. En los momentos más bajos, por ejemplo a las tres o cuatro de la mañana, de todos modos habrá unos 40 parroquianos. A la mañana siguiente llegarán los “duchados” y todo tomará nuevas fuerzas.

Niñas contando en el escenario principal del Maratón

Pero además del escenario principal, hay varios otros funcionando de forma paralela. Según nos contaban, esto fue todavía más intensivo este año porque el Palacio de Antonio Mendoza tiene la mitad de la capacidad del Palacio del Infantado, entonces se programaron más actividades paralelas para que el entusiasta público se dividiera y no se colapsara el escenario principal.

A las siete de la tarde del viernes tuvo lugar un evento importante dentro del Maratón, y particularmente para nosotros: el espacio de los Narradores “Inauditos”. Es decir, narradores que nunca han sido contratados por el Seminario de LIJ, y que pueden postular para contar 20 minutos en un escenario paralelo, en este caso, en la Biblioteca Pública de Guadalajara. Es interesante porque van muchos narradores y programadores a conocer a las “nuevas generaciones”. Andrés postuló y fue seleccionado, y pudo presentarse junto a otros cinco narradores: Alvaro González , Carlos Arribas (ambos de España), Paola Davico (Argentina), Ana María Caro (Colombia) y Simone Negrín (Italia).

Andrés Montero narrando en el espacio de Narradores Inauditos. Fotografía de Juan Bruno.

Los cuentos seguían imparables en el escenario, y después de los Inauditos corrimos al Palacio de Antonio Mendoza para ver a los narradores profesionales. Tuvimos la suerte de escuchar a narradores como Aurora Maroto, Pablo Albo o Eugenia Manzanera. Son los narradores contratados por el Seminario, que cuentan en los diferentes espacios y lo hacen también en el escenario principal en el mejor horario.

En la madrugada, cuando hay menos público, se intenta programar buenos espectáculos, por lo que entre cuatro y siete de la mañana un grupo de profesionales estuvo improvisando cuentos relacionados con el tema del Maratón de este año: las estrellas.

Carles García Domingo en el Salón Chino del Palacio de la Cotilla, Guadalajara. “Monucuentos”

El sábado por la mañana tuvieron lugar los “monucuentos”: espectáculos unipersonales que se desarrollan en diferentes espacios patrimoniales de la ciudad. Tuvimos oportunidad de escuchar a Carles García Domingo y disfrutamos mucho de su función en el maravilloso Salón Chino del Palacio de la Cotilla. Pero cuando corrimos hasta la Cripta de San Francisco para escuchar a Pablo Albo, el aforo ya estaba lleno. Y he aquí uno de los comentarios más repetidos entre los asistentes: son tantas actividades que te pierdes demasiadas cosas. Y sí, es cierto. Pero por otro lado, todas las actividades (al menos las que estuvimos nosotros) estaban a tope de público. Quizás el problema, si hubiera uno, es juntar en 46 horas una programación que podría hacerse todo el año. Pero entonces no tendría la fuerza que da un solo evento gigantesco. Con todo, debe haber sido esta reflexión la que llevó al Seminario de LIJ a organizar una vez al mes el “Viernes de los cuentos”, de lo cual ya les contamos en esta entrada, como una forma de tener cuentos durante todo el año y no solamente en el Maratón.

Entre conferencias científicas, maratón y monucuentos, llegamos a la tarde del sábado, momento en que le tocó contar a Nicole en el escenario principal. Para contar, simplemente hay que inscribirse con antelación. Y al momento de contar, seguir algunas reglas: no contar más de diez minutos, no leer, y preocuparse de contar una historia y no tu vida. No todo el mundo sigue las reglas, por supuesto. Siempre habrá gente leyendo, o sin ensayar, o alargándose mucho más de la cuenta. Hasta hubo una rusa que contó… en ruso, y por más de diez minutos, mientras la gente bostezaba o aprovechaba para irse a tomar un café. En cualquier caso, debe ser muy difícil evitar estos traspiés. Sobre todo porque se trata de un evento ciudadano, donde cada uno es responsable de lo que ocurre, más allá de que el SLIJ sea la entidad que hace el empuje principal. Lo que sí es inevitable en un evento como este es que haya retraso. Nicole salió a escena dos horas después de lo previsto y casi nos perdemos la siguiente actividad: el Festival de Narración Oral.

José Luis Gutiérrez,”Guti”, en el Festival de Narración Oral (Teatro Moderno, Guadalajara)

Este se lleva a cabo en el Teatro Moderno, en el marco del Maratón, y se presentan espectáculos de narración oral que, a diferencia del Maratón donde todo es gratuito, tienen un valor de entrada de 4 euros. Esto es muy importante, pues el público entiende que en el Maratón escuchará a narradores principiantes que a lo mejor se suben por primera vez a un escenario, pero que existen narradores profesionales que se dedican a esto, que hay una diferencia abismal entre unas propuestas y otras, y que bien vale la pena pagar 4 euros (una entrada casi simbólica) para escucharles. Nosotros solo pudimos estar presentes en la última función, a las nueve de la noche, presentada por José Luis Gutiérrez (“Guti”), quien tiene una propuesta muy especial y atractiva: solo cuenta cuentos recogidos por él mismo en los campos de Zamora. El espectáculo es realmente imperdible, aunque a nosotros nos tomara algunos minutos acostumbrarnos al vocabulario que ocupa Guti, que cuenta como le contaron, explicando incluso las circunstancias en que se lo contaron. Como todo en el Maratón, el Teatro estaba repleto.

 

En la noche de ese día, mientras en el escenario principal seguían sin cesar los cuentos, la asociación de narradores profesionales AEDA organizó una narratón en la “puñetera” calle, a las afueras del Palacio del Infantado, la sede usual del Maratón. La contada era simbólica: una forma de recordar que los cuentos siempre han sido en ese lugar y que esperan que se reabran las puertas del palacio para el año que viene. Se hacía memoria, además, de cuando la gente estuvo contando dos años a las afueras del Teatro Moderno, cerrado por el Ayuntamiento, hasta que lograron que se reabriera.

Los narradores de AEDA a las puertas del Palacio del Infantado

Y volvemos a lo mismo: un evento de este tipo existe y permanece porque lo cuidan mucho. El Seminario, la ciudad, los narradores. La narratón de AEDA fue excelente y nosotros estábamos ahí, en primera fila, escuchando a catorce narradores que congregaron a unas doscientas personas en la calle.

En la madrugada del domingo tuvo lugar el esperado espacio de “cuentos mínimos” o microcuentos, que por su fama logra congregar a mucha gente pese al horario, al frío o al sueño. Los cuentos mínimos ya van anunciando el final del Maratón, que llegó a eso de las tres o cuatro de la tarde, en voz de las distintas personas que conforman el Seminario de LIJ, quienes fieles al tema que motivaba esta versión contaron los mitos que explican y dan nombre a las constelaciones estelares.

46 horas de cuento, 716 cuentos contados por 1524 contadores, más de 250 voluntarios, una cantidad asombrosa de público en cada actividad, una ciudad entera volcada a escuchar cuentos. Se nos cae la baba, nos sacamos el sombrero, aplaudimos hasta que los teatros se vengan abajo.

Es cierto que nunca nos han gustado mucho los maratones de cuentos. Es cierto que en ciertos horarios la escucha no es la mejor, que hay mucho movimiento y hasta niños corriendo arriba del escenario ante la vista y paciencia de sus padres indolentes. No, no es el mejor lugar del mundo para contar cuentos. No lo es tampoco para escuchar cuentos. Lo maravilloso es el lugar de privilegio que puede alcanzar esta práctica tan desechada en otros lugares: la de reunirse en torno a la palabra. Además hay algo territorial, algo de ciudad, algo de orgullo. Por eso esto funciona en una ciudad relativamente pequeña como Guadalajara. Seguramente no funcionaría en Santiago de Chile (se intentó hacer algo parecido hace unos años, pero no tuvo continuidad). Y quizás la respuesta a la imposibilidad de que se realice algo así en una ciudad grande está en que no hay apego territorial, patrimonial, ese orgullo de decir: en mi ciudad se cuentan cuentos. Desde luego que Santiago no lograría ponerse orgulloso de algo así, porque somos ocho millones de personas con miles de actividades distintas. ¿Pero y Castro, o Valdivia, o Melipilla, o alguna ciudad del norte donde hay muchas historias y cuenteros? A lo mejor ahí sí. A lo mejor ahí, sí. Al menos habría que intentarlo.

Hubo varios niños que contaron cuentos (¡y muy bien, además!). Nos gusta imaginarnos a esos niños cuando sean viejos, que a lo mejor ya viven en otro país, explicando a los pequeños rapaces del pueblo: “cuando yo era niño, mi ciudad se detenía durante un fin de semana y contábamos cuentos por dos días seguidos”. Los habitantes de ese otro lugar dirían: “¡no puede ser! ¡Nos está contando una mentira!” Pero él dirá que sí, que puede ser, que así era. Y a lo mejor, si Guadalajara sigue cuidando su gran evento como hasta ahora lo ha hecho, aquel niño que ahora será viejo podrá agregar: “y todavía se hace. No tienen más que acercarse a mi ciudad en el segundo fin de semana de junio y lo verán”.

 

 

Ciertamente hay bastante más que contar del Maratón, como por ejemplo aquello del Maratón Viajero, que se realiza en los pueblos aledaños a Guadalajara. Pero esta entrada ya se hace demasiado larga así que ustedes mismos pueden revisar toda la info en el sitio oficial del maratón.

 

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