marzo 14, 2018 lamatrio

¿Pero cómo puedes cobrar por contar cuentos? Una reflexión sobre la profesionalización del arte de contar historias en Chile

Niñas y niños escuchando cuentos en Santiago de Chile

“Cuento cuentos porque me gusta”. “Cuento porque le gusta a los demás”. “Cuento cuentos porque los cuento bien”. “Cuento porque es un regalo”. “Cuento cuentos porque mi papá contaba cuentos”. “Cuento cuentos porque me sirve para explicar otras cosas”. “No sé por qué cuento cuentos: simplemente, siempre lo he hecho”.” Cuento cuentos para preservar la memoria ancestral de mi pueblo”. “Cuento para fomentar la lectura”. “Cuento cuentos porque sí”. “Cuento cuentos porque es mi trabajo”.

Si usted es un narrador oral, seguramente alguna de estas afirmaciones le acomodará. Y es muy probable que se haya visto envuelto en alguna discusión que pretende poner alguna de estas razones por encima de otra, olvidando que existen distintos tipos de narradores según el contexto en que se presentan. En este artículo pretendo reflexionar sobre los diferentes tipos de narradores y proponer una aclaración sobre el concepto de narrador profesional, que nos puede resultar muy útil para el actual momento de la narración oral en Chile.

¿Cuál es el momento actual de la narración en Chile

Vivimos en nuestro país un pequeño boom de la cuentería, el cual se explica por diversos motivos. Entre ellos puede contarse la importancia que se le ha dado al fomento de la lectura en los últimos años (donde el cuentacuentos, al parecer, debería jugar un rol relevante) y la aparición de escuelas y talleres donde cualquier persona puede aprender a contar cuentos de viva voz. Así, cada vez más establecimientos educacionales y culturales llevan a narradores orales a compartir historias con un público infantil, adolescente o familiar. Por otra parte, algunos pocos lugares tienen programación estable de narración oral para adultos (en todos los casos, gestionada por los mismos narradores).

Este pequeño boom vivió, sin duda, su momento más álgido con la aparición de la Escuela de Cuentacuentos de la Fundación Mustakis (que recientemente ha dejado de funcionar como tal). Cada año, podía verse cómo la cantidad de narradores chilenos aumentaba exponencialmente. Así, de unos diez a cuarenta narradores chilenos entre 1993 y 2010, la cantidad pareció multiplicarse por 10 en poco más de un lustro.

Alumnos de la ECC de la Fundación Mustakis en Valparaíso

Recordemos que la formación que ofrecía la ECC de la Fundación Mustakis era gratuita para los alumnos, por lo que estos debían hacer una “devolución” realizando prácticas sociales: funciones gratuitas al público. En general, estas prácticas se hacían en escuelas o bibliotecas de escasos recursos, que no tenían cómo pagar una función de cuentos. Pero no siempre era así. Esto generó que al resto de los narradores orales de Chile, en particular de Santiago y Valparaíso, se les rechazaran en muchas ocasiones sus presupuestos con el siguiente argumento: “pero si los de la Mustakis vienen gratis”. Este argumento, es cierto, no solo tenía como culpable a las prácticas gratuitas de dicha escuela. Aun sin haber escuchado nunca hablar de la Mustakis, directores de escuelas y colegios, profesores y bibliotecarios preguntaron a muchos colegas: ¿Pero cómo puedes cobrar por contar cuentos?

Profesionalizar la narración oral en Chile

Me doy algunas líneas para decir, por si alguien tiene dudas de mi postura, que nada hay más importante para la narración oral que su profesionalización. Todo profesional es una persona que se prepara para hacer su trabajo. Un médico estudia medicina y se actualiza sobre las nuevas tecnologías; un profesor estudia pedagogía y debe estar al día sobre los contenidos que enseña; un deportista debe trabajar todos los días para conseguir las metas que se pone. Todo profesional, además, cobra por hacer su trabajo. Del mismo modo, un narrador oral profesional se prepara, va a ver funciones, estudia, lee, teoriza, reflexiona, busca cuentos, los prepara, los prueba, ensaya, y finalmente los presenta al público. Hay – o debería haber – mucho trabajo en la elección del repertorio, en la técnica, en la forma en que se va a narrar, en el hilo de un espectáculo, en la capacidad de improvisar y jugar con el público. Por eso, cuando finalmente se presenta, el narrador profesional lo hace bien, sobre todo porque sabe qué es lo que está haciendo, y tiene un criterio formado para darse cuenta si algo no está funcionando. Por lo tanto, rara vez la calidad de sus presentaciones no es la esperada, lo que significa, entre muchas otras cosas, que la institución que lo contrató volverá a llevar cuentacuentos en otra ocasión. No así cuando la función ha sido mala: el docente, la profesora, la directora, no se volverá a arriesgar.

Hay que decir también que el hecho de ser profesional (investigar, ensayar, reflexionar, facturar, etc.), no asegura la calidad del cuentero. Sabemos que hay muchos narradores nuevos, con apenas uno o dos años contando, que lo hacen mejor que otros que llevan mucho tiempo. Y sobre gustos no hay nada escrito, por supuesto. Por lo tanto, quizás ser profesional tiene que ver fundamentalmente con tener criterio sobre el propio trabajo.

El Círculo de Narradores Orales de Chile

Dada la aparición masiva de nuevos cuenteros y la necesidad de instalar el arte de contar cuentos en políticas públicas (por ejemplo, en el Ministerio de Cultura), se formó el año 2015 el Círculo de Narradores Orales de Chile (CINOCH). La idea era agrupar a los narradores, discutir las problemáticas que nos atañen como colegas, y, en fin, llevar a un mejor puerto a la cuentería nacional. Entre sus grandes logros, el CINOCH consiguió en 2017 que la Narración Oral fuera reconocida como un arte en sí mismo, independiente del teatro y la literatura, y no atado a sus objetivos más visibles (el fomento de la lectura y la valorización del patrimonio inmaterial).

Sin embargo, los criterios que se piden para ser parte del CINOCH son aún demasiado amplios (un año contando cuentos), lo que provocó que en las primeras discusiones un grupo importante – casi todos provenientes de la ECC de la Mustakis – declarara que no había que cobrar por contar cuentos. Esto alejó del CINOCH a muchos narradores orales profesionales, para quienes el gremio de narradores orales debería agrupar solo a narradores que cobren por su trabajo, es decir, que facturen o emitan boletas de honorarios por presentarse a contar cuentos, con un mínimo de presentaciones al año. Al respecto es interesante ver cómo pudieron organizarse los narradores españoles en la Asociación de Profesionales de la Narración Oral de España (AEDA). Para conocer su sitio, haz click aquí.

El tema de cobrar o no cobrar volvió a aparecer en el Nütram (Foro teórico de Narración Oral organizado por el CINOCH en mayo de 2017), pero no se tocó con mayor profundidad puesto que nadie presentó una ponencia seria sobre el tema. En esa ocasión, yo mismo hice una pregunta sobre esto e intenté abrir el debate, pero no tuve el tiempo para preparar una ponencia, así que ahora me hago cargo en estas líneas de aquella preocupación manifestada en el Nütram. Recuerdo, sin embargo, que algunas personas se mostraron impresionadas de que fuera un tema a tocar. ¿Por qué habría que cobrar por contar cuentos? ¿Y si uno quiere contar en su casa, qué? ¿Hay que cobrarle acaso a los niñitos con cáncer que visitamos todas las semanas? ¿Y si no quiero cobrar, qué?

Preguntas válidas en un país donde la narración oral está empezando. Pero hoy podemos decir que en Chile la narración oral ya no está empezando: al contrario, está en un momento de expansión, hay muchas personas trabajando seriamente y a conciencia, y por lo tanto debemos intentar aclarar algunas cosas para que podamos entendernos.

Tipos de narradores

Lo primero, es entender que hay distintos tipos de narradores orales. Nicole Castillo proponía en su ponencia del pasado Nütram que son tres: el tradicional, el instrumental y el profesional. El tradicional sería aquel que cuenta cuentos por herencia, generalmente en el campo y de forma no sistemática ni periódica. El instrumental es quien utiliza los cuentos para otro fin (una profesora en su sala de clases, por ejemplo). El profesional, quien se dedica exclusivamente a contar cuentos y vive de ello y por ello.

(Puedes leer la ponencia de Nicole “La narración oral como patrimonio inmaterial en Chile. Alcances y limitaciones” haciendo click aquí.)

Pep Bruno, narrador oral español, propone que para saber qué tipos de narradores existen hay que cruzar dos criterios: el criterio grupal y el criterio contextual.

El criterio contextual hace referencia al tiempo y al espacio donde se narrarán los cuentos, pudiendo o bien estar preparado para ello, o no estarlo.

El criterio grupal hace referencia al grupo reunido en la escucha de los cuentos en referencia a quien cuenta, pudiendo ser el narrador parte del grupo de iguales (un padre de familia, una amiga a sus amigas, etc.) o no serlo (una profesora, un monitor, etc.).

Haciendo estos cruces, el cuadro queda así:

CRITERIO CONTEXTUAL CRITERIO GRUPAL NARRADOR ES DEL GRUPO DE IGUALES NARRADOR NO ES DEL GRUPO DE IGUALES
ESPACIO PREPARADO NARRADOR

CIRCUNSTANCIAL

NARRADOR

PROFESIONAL

ESPACIO NO PREPARADO NARRADOR POPULAR (O TRADICIONAL) NARRADOR

INSTRUMENTAL

 

Pep Bruno deja en claro que estas definiciones no son rígidas, pues bien puede un narrador profesional actuar a veces, por ejemplo, como un narrador circunstancial. Para leer en detalle la propuesta de Pep Bruno sobre los tipos de narradores, haz click aquí.

Por lo tanto, es importante entender que pueden haber varias formas de ser un narrador de historias. La clave para el buen desarrollo de esta disciplina en nuestro país es que sepamos entender qué tipo de narrador somos o estamos siendo en determinada circunstancia. ¿A usted le gusta contar cuentos porque sí, porque es un regalo para los demás, y no quiere cobrar por algo tan intrínseco al ser humano como el arte de contar historias? No se preocupe. Puede hacerlo. Nadie le va a decir que no lo haga, mientras sea como un narrador tradicional, instrumental o circunstancial. Pero si usted va a un lugar donde el contexto sí está preparado para la escucha de cuentos, y donde usted no es del grupo de iguales, entonces posiblemente está en el lugar que le corresponde a un narrador profesional. Y si está en ese lugar, ya no podemos pedir otra cosa que criterio.

Estas preguntas podrían ayudarle a saber si usted puede considerarse un narrador profesional: ¿Ha preparado usted su presentación a conciencia, o va a ver cómo resulta sobre la marcha? ¿Sabe perfectamente cómo disponer el espacio? ¿Tiene usted muchos cuentos preparados por si alguno de los que pensaba contar falla o se ve obligado a cambiarlo por motivos ajenos a su voluntad, o en realidad solo se sabe un par de cuentos? ¿Ha investigado y leído para encontrar su repertorio, o está contando cuentos que le escuchó a otros narradores presencialmente o por YouTube, sin pedirles siquiera permiso para hacerlo? ¿Dará usted una boleta o factura por esta presentación, o en realidad no le importa porque vive de otro trabajo? Y quizás lo más importante: ¿está seguro de que después de su función la institución que lo ha invitado querrá volver a traer narradores orales, o duda de ello?

Puede ser que usted esté pensando en este momento en situaciones como esta: no soy del grupo de iguales y me presenté en un lugar que sí estaba preparado para escuchar cuentos, y en realidad llevo poco tiempo contando (no me considero un profesional). Sin embargo, el lugar al que viene a contar cuentos es un hospital (o una escuela muy pobre, o un hogar de ancianos, o una cárcel) y no tienen recursos para traer a un narrador profesional, así que vine yo. ¿Lo estoy haciendo mal?

En mi opinión, los cuentos deben llegar a todos los que quieran escucharlos, y ciertamente hay lugares que no pueden pagar. Por lo tanto, cualquier narrador puede ir a un lugar de este tipo y no cobrar, pero sería aconsejable  que pidiera que las condiciones fueran las mejores posibles (suele suceder que los lugares que piden funciones gratis son los que menos se preocupan de preparar un contexto adecuado). Y sobre todo, no olvidar que hay muchos fondos concursables y maneras de conseguir el apoyo para pagar a los artistas por su trabajo, y que las instituciones son perfectamente capaces de conseguir esas ayudas. A veces es mucho más un tema de displicencia en la gestión de recursos que de una real escasez de ellos.

En resumen, invito a todos quienes cuentan cuentos en Chile a que lo sigan haciendo. Es importantísimo que los profesores, bibliotecarios, padres, abuelas, todo el mundo esté narrando historias. Pero al mismo tiempo no podemos olvidar que para que este arte pueda seguir creciendo y desarrollándose necesitamos personas dedicadas 100% a ello, narradores que reflexionen sobre su trabajo, organicen encuentros, busquen repertorio nuevo, conozcan y recopilen cuentos tradicionales chilenos, y tengan criterio para saber cuando se han equivocado. Y para que esa figura – el narrador profesional – exista, necesitamos también que quienes están contando cuentos gratis y sin preparación, dejen de hacerlo (con las excepciones ya mencionadas). Esta petición va dirigida sobre todo a quienes forman nuevos narradores: no dejen de incluir en sus cursos o talleres algo sobre ética, respeto, colectividad, gremio, profesionalismo.

Espero que estas reflexiones sobre la profesionalización del arte de contar historias sean un aporte al desarrollo de esta bella disciplina en nuestro país.

Andrés Montero

Tagged: , , , , , ,

Comments (6)

  1. Andrés Montero

    Hola estimada o estimado:
    Estoy de acuerdo respecto a que quienes valorarán la calidad de la presentación serán sus oyentes, pero yo no estoy hablando de calidad sino de profesionalismo, que es otra cosa (y que pueden no estar de la mano: un profesional puede ser un mal contador de historias, y un buen contador de historias puede no ser profesional).
    Obviamente cada uno cobra lo que quiere, no hay un ente regulador ni lo habrá nunca. Lo que yo intento mostrar en este artículo es que esa decisión sí afecta a quienes se dedican profesionalmente al arte de contar cuentos. Por lo tanto, lo desleal, a mi forma de ver, no es abrir la discusión sobre este tema – que es lo que intento hacer -, sino pensar que cada uno hace lo que quiere, y que no importe nada si estoy afectando el trabajo de otros por la decisión de hacer lo que yo quiero.

  2. Paty Mix

    Que buena y clara reflexión, que aporta una perspectiva amplia y distinta para la comprensión de la actividad y la necesaria organización de las condiciones de trabajo. En este mismo sentido va la clasificación que hace “Viva Palabra” en Medellín, distinguiendo entre vocacionales, novatos, profesionales, etc. Ellos lo aplican desde la venta de funciones hasta su Festival y quienes están en la narración en Medellín, tanto contando, como contratando los servicios, están conscientes de la diferencia. Supongo, que es un esfuerzo diario, pero hay muchos avances. Creo que para comprender y generar algo así acá, debe ampliarse la mirada y comprender el escenario completo de la narración en Chile y su largo camino de instalación, consolidación y profesionalización. Esto implica el lugar de reconocimiento propio y de los otros que no son narradores, como el de las instituciones que demandan sus servicios. Por ejemplo el gran logro de CINOCH que refiere el artículo en relación a que la Narración Oral fuera reconocida como un arte en sí mismo en Chile, se debe a la acción concreta de esa organización ahora, pero que no hubiera sido posible, sin una historia anterior que permitió abrir al conocimiento y comprensión de un proceso más largo, que partió por lograr que se reconociera como actividad artística en los fondos concusablesvía el financiamiento de los primeros Festivales y Encuentros desde los años 1995 y 1996, a tres años del renacimiento de la narración oral en Chile,cuando nace el primer Festival Internacional de Narración oral desde la Casa en el Aire y ligado a este primero y de manera independiente después, el primer Encuentro Iberoamericano de Cuentería con actividades en cuatro regiones del país, en co -organización con un equipo compuesto por varias personas entre los que estabamos como narradores Daniel Hernández y yo. Desde estos primeros impulsos los primeros seminario, los primeros talleres, todo haciendose un espacio entre la invisibilizaciones de los recursos públicos y privados. En el sentido de este reconocimiento, otro paso importante fue que la Dirac, del Ministerio de Relaciones Exteriores aprobara giras de narradores para representación al exterior, como lo sucedido por primera vez el año 2004, con el financiamiento a la invitación oficial a los 10 años del Festival Iberoamericano de Cuenteros Abrapalabra de Bucaramanga, Colombia. Luego, entre el año 2005 y el 2010 dos narradores fuimos parte de los equipos nacionales del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes ( Programa Chile + cultura y Programa Creando Chile en mi Barrio), y desde ahí se incluyó en las programaciones de todo el país a la narración oral, con la contratación de los/as narradores y narradoras profesionales conocidos hasta ese momento.De ahí, todo lo que Andrés muy bien refiere y analiza. De todas maneras, cualquier cambio a nivel de organización y percepción más global, o gremial o grupa, pasa por una mirada de si mismo/a, del entorno, de los/as otros/as y tomar el lugar que corresponde.

  3. Claus

    Me parece que los buenos y profesionales, no sólo en este ámbito ciertamente, sino que en todos, hacen su trayectoria a través de la experiencia que hacen vivir a otros, y en nuestro caso como narradores orales a las personas que escuchan las historias. Y cada cual valorará su entrega, profesionalismo y trabajo como estime conveniente, son los receptores quienes definirán quién es bueno y quién no. Y el que es bueno perdurará en el tiempo y el que no desaparecerá, es una ley natural, pasa con todos los oficios. No creo que sea leal entre colegas criticar nuestras formas de realizar la labor de Cuenta Cuentos. A mi parecer no corresponde. Cada uno cobre lo que quiera o no cobre nada, es su decisión y aprendizaje personal. Recuerden que no sólo contamos cuentos, además somos referentes de muchos otros que quieren seguir nuestros pasos, no creo que sea bueno ir por ahí descalificando a nadie. Cada uno muestra lo que es en escena y es evaluado por los únicos llamados para esta labor, quienes nos escuchan. Un abrazo para todas y todos los que intentamos ser un verdadero aporte… 😉

  4. ¡Hola Andrés! Fíjate que en Perú el arte de la narración oral está muy desarrollado, incluso hay narradores que se han especializado ya sea en cuentos andinos o de la selva. Incluso algunos que contamos específicamente para público infantil. Sin embargo el problema de conseguir una remuneración de vuelta persiste. Acá sucede que muchas escuelas esperan que los eventos de este tipo sean gratuitos, ya que las editoriales les llevan espectáculos en esas circunstancias. Tengo la sensación de que probablemente lo que describes está ocurriendo a nivel regional. Esperemos que todos los involucrados, incluyendo cuenteros, instituciones gubernamentales y privadas colaboren a que la narración oral profesional se institucionalice y sea correctamente valorada.

    ¡Saludos desde Lima!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.