julio 10, 2018 lamatrio

Preguntas sobre la formación de narradores

Siempre me ha gustado que contar historias sea un oficio, porque eso lo asemeja a todos aquellos trabajos que se aprehendían en el hacer, en el escuchar y en el observar, bajo la guía de alguien que llevaba más años realizando aquel mismo trabajo y que, por tanto, podía enseñarlo, traspasarlo. Pienso en la carpintería, la herrería, la confección de telares, la interpretación de algunos instrumentos musicales, entre tantos otros. Tiene sentido, además, que una práctica tradicional como la narración de historias se siga aprendiendo en una forma tradicional. Tiene ese punto romántico y artesanal que lo hace especial. Nadie puede entrar a la universidad a estudiar narración de historias (al menos, no en Hispanoamérica), y por eso es tan recurrente y entretenida la pregunta de: “¿y tú, cómo llegaste a contar cuentos?”. Todos sabemos que tiene que haber sido un poco por casualidad, y que no ocurrió después de pasar cinco años en una institución académica que impartiera esa carrera. Hay una historia en el camino del contador de historias.

Sin embargo, este carácter artesanal y romántico del oficio trae aparejados algunos problemas que no tienen las profesiones que se estudian en universidades. Como no hay forma ni necesidad de demostrar con un diploma que se sabe de lo que se habla, parece tentador asistir a un par de talleres (en ocasiones, solo a uno o a ninguno) y querer hacerse parte del ciclo de formación, impartiendo un nuevo taller aunque no se cuente con la experiencia que demanda el oficio. Lo mismo que ocurre con otros oficios de moda (instructores de yoga o coachs, por ejemplo).

En la narración oral, este problema está extendido en toda Hispanomérica y no parece tener solución concreta. En estos días he recordado que yo mismo impartí mi primer taller de tres meses cuando contaba con apenas cuatro años de experiencia como narrador profesional. No tuve, en ese momento, ni la reflexión necesaria ni tampoco la guía de otros narradores con más recorrido que me hicieran plantearme si estaba preparado. Es cierto que aprendí más que nunca y que me ayudó mucho a sistematizar lo que sabía e intuía, como siempre ocurre cuando se da formación. Pero creo que habría que tener un camino mucho más amplio antes de siquiera plantearse la posibilidad de hacerlo.

Hoy, en todas partes se escuchan quejas sobre talleres impartidos por personas sin experiencia o que vienen de otros campos de formación y que nunca han narrado cuentos, o cuyo repertorio es mínimo. Lo cierto es que no tenemos mucho que hacer contra eso. Quizás lo único sea lo de siempre: intentar generar conciencia para dignificar nuestro trabajo. Ante eso, decidí consultar sobre el tema a seis narradores de distintos países de Hispanoamérica, que tienen experiencias muy diversas como formadores. El resultado es muy interesante y espero que abra el debate y nos ayude a reflexionar. Esos narradores/formadores son:

– Patricia Mix (Chile). Narradora con 25 años en el oficio, que ha impartido fundamentalmente talleres breves en distintas partes de Chile, sobre todo para personas ya iniciadas en la narración. Organiza seminarios y ferias.

– Jota Villaza (Colombia). Narrador con 30 años de ejercicio. Es director de la Escuela Vivapalabra en Medellín, uno de los proyectos más consolidados de formación de narradores en Latinoamérica.

– Héctor Urién (España). Narrador oral con más de 20 años de experiencia, autor del libro “La narración fractal. Arte y ciencia de la oralidad”. Imparte formación constante en Madrid, proponiendo un método de aprendizaje singular basado en la sistematización de sus propias investigaciones y lecturas.

– Marcela Romero (México). Narradora oral, lleva varios años ofreciendo talleres apoyada por el Centro Cultural Universitario Tlatelolco, en la Ciudad de México, entre otras instituciones. Actualmente muchos de sus alumnos se dedican profesionalmente a contar historias.

– Aldo Méndez (Cuba). Desde hace 20 años vive del cuento y hace siete que viaja por toda Hispanomérica. En estos viajes ha conocido muchos procesos distintos. Generalmente ofrece cursos y talleres breves, para narradores ya iniciados, en las ciudades que visita.

– Giuliano Tierno (Brasil). Es académico y narrador oral, director de “A Casa Tombada”, espacio que funciona como centro de estudios de la narración oral en Sao Paulo. Desde 2010 coordina el post-grado “A arte de contar histórias na Contemporaneidade”.

 

Marcela Romero

“La práctica es lo que apoya en la formación de un narrador. Entonces, un narrador que acaba de iniciar y que apenas sabe el ABC no tiene todos los elementos para hablar con fundamento de lo que ocurre o puede ocurrir en cierto momento de una función”.

Marcela Romero.

 

La primera pregunta que les hice fue cuándo consideraban que un narrador estaba preparado para impartir formación, en el modelo que fuera (taller, curso, mentorado, etc.). Al respecto, todos consideran que lo más importante es que dicho narrador o narradora haya reflexionado ya sobre su quehacer personal, que tenga consciencia de su proceso y su narrador interno, porque como dice Héctor Urién, “hay magníficos narradores que no saben lo que hacen, por tanto sus enseñanzas debes extraerlas en ‘bruto’, al ver sus actuaciones”. Para Paty Mix, un narrador puede ofrecer formación “cuando pueda comunicar algo propio, aportar algo nuevo, distinguir el lugar donde está parado para orientar la formación que está entregando y la claridad para declararlo; y después de un período largo de contar”. Para dar un parámetro, Paty propone que ese período no debería ser menor a 5 años. Marcela Romero también incide en el tiempo de experiencia: “La práctica es lo que apoya en la formación de un narrador. Entonces, un narrador que acaba de iniciar y que apenas sabe el ABC no tiene todos los elementos para hablar con fundamento de lo que ocurre o puede ocurrir en cierto momento de una función”. Aldo Méndez también se refiere a la experiencia práctica como clave para transmitir conocimientos: “No creo en los formadores que nunca contaron, que no han experimentado las historias en los diferentes ámbitos que acogen y en los que se ejerce el oficio”.

Giuliano Tierno

“Un narrador puede dar formación cuando tiene una narrativa de su propio trabajo y puede vincularla al trabajo de narradores de su tiempo y su territorio, y también de otros tiempos y de otros territorios”.

Giuliano Tierno

 

 

Para Jota Villaza, un formador debe primero saber encantar y tener conciencia de que no es poseedor de una verdad única. Si reúne esas cualidades, lo siguiente sería tener “la certeza de que uno no va a enseñar ni a formar, sino a proponer aprendizajes, a ayudar a que los demás descubran sus propias verdades, afuera o dentro de sí mismos”. De todos modos, hace una excepción considerando que según el contexto o el entorno puede haber una necesidad de que alguien con menos experiencia comparta lo poco que ya sabe. Podríamos pensar en pueblos pequeños, ciudades mal conectadas o incluso países donde la narración no tiene gran desarrollo.

Giuliano Tierno resume: “Un narrador puede dar formación cuando tiene una narrativa de su propio trabajo y puede vincularla al trabajo de narradores de su tiempo y su territorio, y también de otros tiempos y de otros territorios”.

Se puede concluir que la experiencia y la reflexión sistematizada sobre el oficio son los aspectos más relevantes a considerar antes de dar formación. Sin embargo, aun cuando un narrador o narradora tenga todas las cualidades para comenzar a formar a otros, existen algunos elementos que ningún curso o taller puede entregar. Mi segunda pregunta fue, precisamente, qué es lo que un narrador puede enseñar, y qué es lo que no puede enseñar.

Al respecto, Aldo Méndez cree que lo que un narrador puede transmitir es “su experiencia, si ha desarrollado un pensamiento crítico al respecto”. Marcela Romero afirma que un narrador “puede dar las bases, la técnica. Ofrecer bibliografía, mostrar diferentes propuestas y orientarles sobre espacios de narración que pueden frecuentar para escuchar otras voces”. Jota Villaza agrega otros aspectos que sí se pueden enseñar: “nuestros conocimientos sobre el escenario, la lengua, los significados profundos, la semiótica, el cuerpo, la voz, la historia y la antropología”.

Giuliano Tierno, por su parte, asegura que en el post-grado que dirige nadie le enseña a nadie, sino que “compartimos, hablamos, intercambiamos saberes y experiencias”, pero que lo que sí se puede hacer como narrador/formador es “diseñar un trayecto formativo e invitar a los interesados a vivir la experiencia de ese trayecto”. Una opinión similar tiene Paty Mix: “Para mí se trata de guiar un proceso, acompañar un camino que, evidentemente, cuenta con un programa, pero que tiene su foco en proceso, en la sinergia que se genera, desde y entre quienes son parte, con lo que cada cual lleva. Lo que el formador puede hacer es apoyar un proceso de auto-reconocimiento, de descubrir las herramientas que son útiles con la incorporación de nuevas técnicas y desarrollo de recursos propios”.

Paty Mix

“Lo que no se puede enseñar es lo que quien enseña no tiene incorporado, aunque lo repita por haberlo visto o escuchado. No se puede enseñar lo que no se valora, aquello que no está en la práctica habitual del maestro o maestra”.

Paty Mix

 

 

En todas las respuestas se nota una preocupación por ser mucho más un facilitador de un proceso y de una búsqueda, que un modelo a seguir. Precisamente a eso se refiere Jota Villaza en cuanto a lo que un formador no puede enseñar: “Esencialmente lo que yo no puedo enseñar son verdades absolutas, enunciados completos, fórmulas matemáticas, procesos infalibles, ni a creer todo de mí todo lo que digo”. Marcela Romero, por su parte, opina que una formadora “tampoco puede enseñar la pasión. Eso llega desde dentro y del lugar desde el cual el narrador quiere contar. Quien comparte el gozo de contar puede convocar a la reflexión del porqué del deseo de contar y desde ahí encaminar la búsqueda de la pasión, pero ello lo debe encontrar el propio interesado”. Héctor Urién pone otra arista sobre la mesa: “Como formador no soy capaz de crear un artista, al menos hoy por hoy, no sé si esto es posible; quien lo es considero que ya lo era antes, no que se haya “creado” conmigo, y me siento feliz de descubrirlo”. Paty Mix cierra diciendo que “lo que no se puede enseñar es lo que quien enseña no tiene incorporado, aunque lo repita por haberlo visto o escuchado. No se puede enseñar lo que no se valora, aquello que no está en la práctica habitual del maestro o maestra”.

“En la formación hay una tendencia a incidir en los aspectos externos: el engolamiento de la voz, la gestualidad estereotipada, la respiración como algo externo y no propio, la construcción de narradores artificiales que están más pendientes del efectismo que del efecto real que se construye al contar la historia”.

Aldo Méndez

 

Pese a todo lo anterior, hay narradores y narradoras que tienen años de experiencia y que, sin embargo, son muy criticados por su modelo de formación. Lo mismo ocurre con diversas escuelas. Mi siguiente pregunta para estos narradores/formadores fue qué vicios o malas prácticas reconocen en la formación de narradores.

Héctor Urién sitúa en el primer lugar de las malas prácticas “el querer imponer un estilo, una forma encorsetada de expresarse que corresponde más al profesor que al alumno. Esto se ve cuando todos los narradores de una escuela parecen cortados por el mismo patrón estilístico”, vicio que Jota Villaza llama la clonación: “Se da casi siempre que un maestro establece una sola línea, que es la de él, y los discípulos son copiecitas de su tutor”. Paty Mix también incide en el mismo punto: “Una de las peores prácticas es la estandarización en la masividad. Un modelo vertical, desde la formación ‘bancaria’, coherente con la ‘libre competencia’ y el ‘consumo cultural’. Narradores en serie (no en serio). Después de esa formación, es necesario deconstruir y ponerse en diálogo con otras miradas para poder tomar un camino propio”.

Al igual que los demás, Aldo Méndez afirma que en muchos casos ve “la necesidad de modelar al alumno, de constreñirlo, de acomodarlo y hacerlo a imagen y semejanza del que enseña. Hay una tendencia a incidir en los aspectos externos: el engolamiento de la voz, la gestualidad estereotipada, la respiración como algo externo y no propio, la construcción de narradores artificiales que están más pendientes el efectismo que del efecto real que se construye al contar la historia y los vínculos que esta genera con el espacio, el público y el momento de la narración”.

En definitiva, Marcela Romero opina que lo más importante es “permitir que el narrador encuentre su propia voz, su propio estilo”, y al igual que los demás, agrega: “No soy de la idea de uniformar el modo de contar”.

Entre otros vicios o malas prácticas, Jota Villaza menciona también el “tallerismo” (referido a que con un taller breve la gente ya salga “graduada” de cuentera, a veces hasta con diploma); el “copismo” (cuando es el alumno el que se conforma con imitar a su maestro aunque este no esté proponiendo eso), y en general, la falta de rigor. Paty Mix agrega el “patchwork” inconsciente de talleres, referido a “quienes construyen sus talleres desde un ‘copia y pega’ de aspectos, ejercicios y contenidos de talleres y aplicándolos en los propios, carente muchas veces de una reflexión de estos en la propia práctica, sin citar, ni reconocer fuentes ni orígenes”.

 

Mi última pregunta fue sobre qué modelo de formación les parece mejor: cursos breves, largos, escuelas, formación académica, autodidacta, etc. Giuliano Tierno, el único que ofrece un postgrado académico, es de la opinión de que “todos los modelos son importantes, no hay uno mejor que otro. Lo que sí es necesario es que haya un entendimiento de los objetivos o finalidades de cada modelo. No se puede pensar, por ejemplo, en realizar una búsqueda profunda en un curso rápido de 4 horas”. Una opinión similar tiene Aldo Méndez, quien cree que “cualquier modelo es válido si es interactivo y dinámico, si facilita el reconocimiento de las habilidades y recursos del alumno y propicia que estas se enfoquen hacia la construcción de una voz propia”. Héctor Urién hace hincapié en que hay que tener cuidado al comparar, porque “son cosas diferentes. En mi caso, trabajo el curso corto y el regular. En el curso corto, trato de inculcar algunas nociones que luego el alumno deberá trabajar por su cuenta, sin detenerme a corregir demasiadas cosas; es como un curso-conferencia. Los cursos largos son más entrenamiento: plantear técnicas o cuentos con los que jugar e ir puliéndolos, al tiempo que se va puliendo cada alumno como narrador de un estilo propio”.

“Abogo ampliamente por los procesos académicos, donde haya una amplia gama de profesores con diferentes estilos y estéticas, provenientes de distintas disciplinas artísticas y humanistas”.

Jota Villaza

 

 

Sobre los cursos cortos de iniciación, Aldo Méndez se muestra escéptico: “No los creo pertinentes porque dejan expectativas erróneas, flecos sueltos. Quizás los talleres temáticos breves para narradores en ejercicio favorezcan un aprendizaje más profundo”. Marcela Romero es de una opinión parecida: “No me convencen los talleres ‘ligeritos’, esos de aprender a contar un cuentito, porque para mí contar es un ejercicio de reflexión, de mirada hacia adentro”. También cuenta que las circunstancias le han permitido realizar talleres de 30 horas y que se ha adaptado a esos tiempos, pero que siempre busca mantener un acompañamiento para quien lo requiera.

Jota Villaza declara que no cree “en procesos autodidácticos, o al menos creo que son muy largos y sin meta trazada y finalmente el maestro-aprendiz termina inventando el agua tibia que ya está hace siglos”. Marcela Romero agrega que ha visto “extraordinarios narradores autodidactas, pero no todo mundo nace con la habilidad y creo que para algunos la técnica les da seguridad y los acerca al arte de narrar con mayor seguridad en sí mismo”. Paty Mix cuenta que ha sido autodidacta desde el inicio, y que por tanto valora ese proceso, “pero evidentemente he sido nutrida también por conversaciones, talleres, seminarios y experiencias con varias/os de las/os grandes narradores con quienes he compartido en 25 años de trabajo”.

Héctor Urién

“Académicamente, no existe aún una formación canónica, que debería incluir muchos elementos y una base teórica que aún estamos creando en el oficio”.

Héctor Urién

 

 

Sobre la siempre difícil pregunta sobre la posibilidad de una formación académica, Héctor Urién cree que no es tiempo todavía, pues “no existe aún una formación canónica, que debería incluir muchos elementos y una base teórica que aún estamos creando en el oficio”. Jota Villaza, en cambio, declara que aboga “ampliamente por los procesos académicos, donde haya una amplia gama de profesores con diferentes estilos y estéticas, provenientes de distintas disciplinas artísticas y humanistas”. Todo un tema que se podría volver a tocar con mayor profundidad, pues es bastante probable que en pocos años empecemos a ver postgrados o incluso carreras completas dedicadas a la narración oral, como empieza a ocurrir con la Literatura Infantil, que hasta hace poco no pasaba de ser algún curso optativo en ciertas carreras.

Solo Paty Mix se refiere al Mentorado como posibilidad de formación: “Es un modelo muy rico y en este caso, me resulta imprescindible que sean desarrollados por narradores/as, con trayectoria, propuesta propia, experiencia y producción de conocimiento”.

El tema de la formación de narradores, de los espacios donde se debería impartir, de la conveniencia o no de certificados y diplomas es, como sabemos, muy amplio y siempre genera controversia. Para los que dan formación, es bueno hacer un alto en el camino y volver a preguntárselo. Para los que piensan comenzar a darla, este tipo de preguntas puede ayudar a tomar una decisión más responsable. Para quienes quieren asistir a un taller, la recomendación es averiguar primero quién lo imparte, cuál es su experiencia y qué es lo que puede ofrecer en el camino de búsqueda de la voz propia de cada uno.

Cierro con palabras de Paty Mix: “Mi máxima sobre todo esto es: ‘Maestro no es quien enseña, si no de quien se aprende’. No se puede enseñar lo que el otro no quiere o no puede aprender, porque la virtud del proceso es compartida, o simplemente no es”.

 

Andrés Montero

Julio de 2018

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Comments (8)

  1. Gerardo Méndez

    Ya lo dijo el poeta Machado; “Caminante no hay camino se hace camino al andar”

  2. carmen

    Buenísimo artículo,grandes entrevistados que dan luces a este maravilloso camino del narrar.Gracias por compartir .Asi crecemos.

  3. Excelente nota que nos da la posibilidad de plantear nuestros puntos de vista y encontrarnos armónicamente en la palabra escrita, ya que irónicamente en lo oral a veces no cuesta esta cita al intercambio de saberes. Y esto puede ser por lo que justamente plantea Héctor Urién, con quien coincido plenamente. “una base teórica que aún estamos creado en el oficio”, por eso las muchas miradas y la necesidad de cada uno de validar la suya como la más acertada. Si interpreto bien el planteamiento de Jota, “Una amplia gama de profesores con diferentes estilos y estéticas, ósea una formación que incluya varios caminos, que genere preguntas antes que respuestas definitivas y por supuesto la conciencia de que te haces en cada contada hasta el fin del fin, hasta el último día. Cada vez me hace más sentido pensar que ejercemos un oficio milenario con una nueva conciencia escénica. Por eso es todo muy relativo, he visto narradores/as con 30 años de oficio y que apenas son solventes y aunque pocas excepciones, grandes narradores que nunca tomaron un taller y que además desconocían que existiera esta manera de contar escénicamente y lo hacían por intuición en su biblioteca o universidad, narradores que partieron copinado a su maestros y luego se destetaron, pero lo hicieron como una forma de sostenerse en su inicios ante algo que a veces se hace tan difícil: Parase desnudo frente a un público. Y que cosa más difícil aun, hacer conciencia de lo que haces, no solo en el escenario, en nuestro oficio sino en la vida. Es evidente que existe una gran proliferación de narradores y que se hace preocupante su forma de abordar este quehacer y que es necesario plantearnos el cómo trasmitir el camino por donde hemos llegado a sostener funciones y encuentros con público no siempre exitosos por lo demás. No sé si el camino sea decir lo que está bien o lo que está mal, lo que se debe hacer y lo que no, o intentar acoger las búsquedas, generar la reflexión, acercarnos y seducirlos, pues por más que generemos reglas es imposible evitar que surjan los miles de deseosos que quieren contar para cambiar el mundo, para salvarlo. Estamos de moda y servimos para todo, hasta de guías turísticos. Pero ese fue el sueño que tuvimos hace más de 20 años (alguno hace más de 30), que hubiese un movimiento de narración oral en Iberoamérica. Y lo logramos, ahora no se puede parar la estampida de nuevas generaciones.
    Creo que hay que invitarlas a cenar y darles a probar el sabor de una buena contada, y contarles que se puede condimentar de mil maneras, pero que el plato único al final es y será siempre el cuento.

  4. Qué grande La Matrioska, cada vez más comprometida con temas de los que se habla mucho pero a la vez no. Por eso, gracias!
    Leí el artículo, me gustó mucho, admiro a Aldo y a Jota y sé el resto de las personas entrevistadas son de una trayectoria inmensa. Coincido con los puntos que han planteado, sin embargo me gustaría hacer un aporte sobre un aspecto que, a veces por obvio, no se lo menciona. Y hablo de la formación del formador no en cuanto a lo artístico, sino a su estudio de disciplinas como Didáctica General, Pedagogía, Práctica Docente y Evaluación del proceso de aprendizaje.
    Desde mi punto de vista, como docente de escuela primaria, creo que toda persona que no ha transitado una carrera docente pero tenga la intención de brindar una formación en el campo en que se desarrolla como profesional, debería transitar un trayecto formativo en las disciplinas que cité anteriormente. Y creo que es una necesidad tanto para quien desea brindar un taller intensivo y puntual, como para quien abre un período de formación de semanas/meses/años. En mi caso, hace dos años que estoy desarrollando un taller de iniciación de ocho horas y recién a finales de año se habrá convertido en la propuesta formativa que considero sólida. Estoy convencido que generar un espacio de formación, en el área que sea, requiere un estudio/prueba/evaluación de las herramientas educativas de las que disponemos, no sólo aprehendidas por la reflexión, el oficio, la pasión, la observación, etc., sino también por un estudio específico (o al menos general) de la Didáctica General, la Pedagogía, la Práctica Docente y la Evaluación del proceso de aprendizaje. En Argentina es posible transitar un Trayecto Pedagógico de dos años, destinado a aquellos profesionales que no son profesores, quizás en otros países hay modalidades similares. Porque si para enseñar en una institución educativa (estatal o privada) es necesaria una formación específica y certificada, ¿por qué no habría de serlo para quienes
    dirigen una escuela/taller/etc. de eduación no formal en Cuentería?
    Gracias por el espacio!! Abrazos a montón!

  5. Alejandra Oliver Gulle

    Despertar al artista que hay en todo ser humano puede ser cosa de un día o de años, animarlo a crecer y mostrarle metodologías para conseguirlo es trabajo de un proyecto con formato de Escuela total –
    Estamos cumpliendo 10 años con la Construcción Colectiva de Conocimiento, en NaRRaCuenTos Escuela de Cuentería Córdoba Argentina. 2000 horas de trabajo grupal en clase, sumados a el resto de las 400 semanas que cada cual sigue potenciando se labor en la vida cotidiana , hay alumnos en la escuela que están desde el primer día y otros muchos que se fueron incorporando en los años que siguieron hasta hoy. Todos juntos , al mismo tiempo y cada quien potenciando su propio proceso y avanzando en la tarea grupal. Cada día que pasamos más nos queda claro que “sólo sabemos que no sabemos nada”. AEIOU. Aprendizaje. Entrenamiento. Investigación Organización en Redes y Urdimbre Universal. Nadie es igual al otro porque cada uno es original.método P, E,P,A Preservar Estilo Potenciando aptitud. Narradores profesionales Comunitarios. Público desde bebés por nacer, Y DE 1 3 5 10 18 Y hasta 120 años .Géneros: todos.
    Una vida no alcanza para terminar de saber lo imprescindible.
    Respuesta:
    Divinos los TALLERES iniciales para abrir la puerta a un mundo del que no se vuelve.
    Imprescindible y obligatorios LOS cursos pedagógicos…. darle HERRAMIENTAS a los maestros y mediadores culturales que no aspiran a ser profesionales de la narración pero sí necesitan leer y narrar con arte.
    Saludable los SEMINARIOS para profundizar sobre metodologías efectivas y prácticas. Ricos los encuentros cuenteros que nutren ajustan y nos crecen.
    Soñadas las TECNICATURAS O POSGRADOS que nos permiten academizar los trayectos siempre sabiendo que no alcanzan por más títulos preciosos que obtengamos.
    Insustituibles los PROYECTOS SERIOS SOSTENIDOS EN EL TIEMPO Y EN EL TRABAJO POLIDIRECCIONAL BASADOS EN LA INVESTIGACIÓN Y EN EL DESARROLLO DE METODOLOGÍAS PROBADAS – observados y dictados por una docena de profesionales narradores formadores
    De pronto ya no somos solo escuela de cuenteros sino también escuela de formadores LEASE : ESCUELA TOTAL. Desde donde abrazar a un Festival de 20 años, una serie de proyectos anuales dirigidos a diferentes sectores de la comunidad- que dicta cursos talleres seminarios y abre más escuelas en el país. Cumpliendo con la misión de sembrar sembrar y sembrar.
    LOS ABRAZO-

    • Cuánta razón tenés Alejandra Oliver Gulle …cuando uno les anda rondando de cerquita a unos cuántos de ustedes… cómo se van despertando cosas que parece que a veces quieren salir explotando…y hay que darles formas, y caminos…y hay que disfrutar y descubrirlo, pero por sobre todo…hay que saberlo dar y tomarlo. Gracias GRACIAS Gracias! Muchas, muchas.

  6. Fernanda Garza

    Buenísima nota! Felicidades y saludos. También agradecimiento a los maestrazos que comparten su experiencia.
    Abrazo.

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