julio 2, 2018 lamatrio

Mentorado 7. V Escuela de Verano de AEDA

El grupo de narradores que asistió a la 5 Escuela de Verano

La semana pasada recorrimos algunos cientos de kilómetros desde Guadalajara hasta Graus (Aragón) para participar en la 5° Escuela de Verano de AEDA. La ocasión nos tenía entusiasmados: los narradores profesionales tienen muy pocas ocasiones de seguir formándose como no sea de forma autodidacta, y para nosotros era también la oportunidad de conocer a cuentistas de toda España. Así que allá estuvimos, en Graus, durante cinco días, y aquí les contamos cómo es reunir a 50 narradores en un pequeño pueblo de Aragón, aunque ya se lo pueden ir imaginando: cuentos, debate y fiesta.

 

Cuenta la historia que la Asociación de Profesionales de la Narración Oral de España (AEDA) vio hace cinco años la necesidad de que los narradores que ya están trabajando como tales puedan seguir formándose, y para tal efecto creó esta Escuela de Verano, como un espacio de reflexión pero también de encuentro. La Escuela no está cerrada solo a socios de AEDA, sino que cualquier narrador o narradora puede apuntarse, como fue nuestro caso en esta quinta edición.

Inauguración de la Jornada con el alcalde de Graus

La Escuela comenzó el pasado lunes 25 de junio con una Jornada de Narración y Lectura, dedicada en este año al libro-álbum. La Jornada comenzó con la impecable conferencia de Cecilia Silva-Díaz, de la Editorial Ekaré, quien nos hizo reflexionar sobre las características de este tipo de libro, qué es lo que lo define, y si es suficiente para ser considerado un género propio. Luego hubo una mesa de experiencias, donde pudimos conocer proyectos muy interesantes relacionados a la mediación lectora con libro-álbum. En la tarde, nos dividimos para tomar talleres con distintas personas: Andrés se apuntó con Alicia Bululú, narradora andaluza, quien dio claves para contar con libro-álbum a niños, y Nicole lo hizo con Laura Escuela, cuentera canaria, en el taller para contar con libro-álbum a bebés. La jornada la cerró Nono Granero, de Úbeda, que tiene un perfil muy interesante: es escritor, ilustrador y narrador, y a quien ya habíamos tenido oportunidad de conocer y escuchar en abril en el Festival “Alcalá Cuenta”. Su conferencia se tituló “Más de tres razones para NO contar con libro-álbum” y propició el debate entre los narradores. Es interesante plantearse el asunto desde ese lugar: si lo vamos a hacer mal o porque sí, si el libro no está aportando nada a la puesta en escena, ¿por qué diablos contar con libro-álbum? Un excelente cierre para una jornada que nos abrió nuevas perspectivas sobre un tema que, todo sea dicho, siempre hemos resistido.

Sesión dialogada con Rodorín

El lunes por la noche (¡ya van viendo lo intenso que fue todo!) tuvo lugar la primera de las tres “Sesiones dialogadas”: espectáculos de narración oral que terminan con una conversación en la cual el público puede preguntar por la puesta en escena, el proceso, la técnica o lo que sea que haya despertado como inquietud la sesión. Sin duda, el espacio formativo más interesante de toda la escuela. El lunes fue el turno de José Antonio López, “Rodorín”, quien narró cuentos, recitó aleluyas, trabajó con títeres y manipuló objetos. Fue muy interesante verlo y escucharlo, sobre todo para nosotros que nunca utilizamos ningún tipo de objeto. Su trabajo es excelente, y nos recordó una máxima que ya habíamos aprendido cuando vimos a Os tapetes contadores de histórias en Brasil: el problema no es tanto si es con o sin objetos, con o sin libros: la cosa es que sea un trabajo honesto y bien hecho. Y Rodorín nos mostró nuevamente que es posible trabajar sobre la imaginación desde muchas otras propuestas.

El martes nos dividimos en tres grupos que iban a trabajar hasta el viernes en distintas temáticas, según el interés de cada uno. Un curso de nada despreciables 20 horas. Nicole tomó el curso con Celso Fernández, narrador gallego que lleva muchos años recuperando relatos de vida en distintos de pueblos de Galicia. Su curso trató acerca del proceso de recuperación de historias y su posterior puesta en escena. Por su parte, Andrés se inscribió con Caterina Valriú, doctora en Filología Catalana y especialista en literatura oral. No fue posible desdoblarnos para tomar el tercer taller, dictado por Rodorín.

Narradores enfrentándose a los retos

Durante los almuerzos (que aquí llaman comidas, a lo que hemos tardado en acostumbrarnos), toda la Escuela se reunía en el Hotel Lleida, espacios distendidos donde pudimos conocer a muchos narradores. Lo malo es que apenas daba tiempo para dormir unos minutos antes de regresar a las actividades. En la tarde del martes, nos dividimos en nuevos grupos y enfrentamos el proceso de enfrentarnos a los “retos”, que suponen un desafío para ser presentado al día siguiente. En años anteriores, según nos contaban, hubo retos como contar diez veces el mismo cuento, de forma idéntica; o contar un cuento con coro griego. Este año el libro-álbum era el protagonista así que los retos fueron por ahí: contar una historia que no tuviera nada que ver con las imágenes; contar dos libros álbum en una sola historia, o contar una sola historia con seis ilustraciones de libros distintos.

El martes por la noche pudimos escuchar en la sesión dialogada a Coralia Rodríguez, narradora cubana que vive hace más de veinte años en Europa, quien nos trajo esas historias latinas que ya estábamos extrañando. El diálogo, al igual que con Rodorín, fue muy enriquecedor.

Ruta turística por Graus, en el momento en que empiezan a caer las primeras gotas

A medida que pasaban los días nos sentíamos un poco más cansados y un poco más contentos. Tomar una cerveza en la noche, caminar por Graus, realizar un reto, todo sonaba increíble cuando veíamos que alrededor todos éramos contadores de historias. Cincuenta personas dedicadas a seguir aprendiendo para hacer mejor su oficio. Narradores con pocos años de experiencia con inquietudes, ilusiones, proyectos. Narradores con treinta años de experiencia con dudas, motivaciones, ideas. Si algo aprendimos en la escuela, es que nunca se puede dar por terminada la formación del narrador, sino acaso el día de la jubilación. Ver a algunos narradores de tanto respeto y trayectoria (premiados, reconocidos, talentosos, publicados, etc.) poniéndose en la posición de alumnos es una cosa de la que hay que aprender. Y también supone un desafío grande para la organización de la Escuela de Verano, pues no siempre todos los profesores tendrán algo real que aportarle a personas con tanto recorrido. Y sin embargo, ahí estaban, haciendo preguntas, participando, y por supuesto que también debatiendo y dando su parecer.

El miércoles en la noche tuvo lugar la extraordinaria presentación de Celso Fernández en las Sesiones Dialogadas. En realidad, de extraordinaria no tuvo nada: Celso contó relatos de vida de personas sencillas, comunes y corrientes. Podría haber sido cualquier cosa. Pero su forma de contarlas y sobre todo su forma de entrelazarlas hizo que más de alguno quedara con el mentón tiritando o las manos rojas de tanto aplaudir. Un lujo.

El jueves recibimos la visita de Antonio Rodríguez Almodóvar, reconocido filólogo autor de la famosa colección de cuento tradicional español Cuentos al amor de la lumbre. Además de ofrecer una conferencia, fue homenajeado por AEDA al ser nombrado Socio de Honor. Nosotros aprovechamos de hacerle una pequeña entrevista que ya publicaremos. Quedamos muy contentos por haberlo conocido.

Con Antonio Rodríguez Almodóvar y Pep Bruno

Y el jueves en la noche, luego de un paseo por Graus que frustró la lluvia, nos encontramos en una alegre fiesta de fin de curso de la que no daremos más detalles (¡hay una imagen que mantener!). Además, así picamos la curiosidad de los que no se apuntaron este año a la Escuela.

Así terminaba ya esta increíble experiencia de formación, con muchas ganas de poder regresar en años venideros, aunque el Océano Atlántico lo va a poner muy difícil. El viernes cerramos los cursos, nos despedimos de todo el mundo y regresamos junto a Pep a Guadalajara. Como es costumbre en este Mentorado que ya termina, las horas en la carretera se convirtieron en uno de los más enriquecedores espacios de formación. ¡Cuánto vamos a extrañar algunas cosas!

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